El Casino
Avanzamos ahora por la calle de Santa Clara y encontramos el Casino en el número dos. Posee tres frentes y aunque todos son interesantes sin duda sobresale el principal. El tracista fue Migue Mathet y data de 1905. Un gran arco rebajado preside la parte superior de la fachada, cuya concepción recuerda los modelos de la variante vienesa del Modernismo conocida como Sezession.
Dividen el arco cuatro gruesos pilares que culminan con unas grandes volutas y sobrepasan la cornisa. El sentido ascensional que provocan es contrastado por una gran balaustrada corrida con elegantes farolas. En la decoración destacan los rostros femeninos ubicados entre los ventanales, quizá un poco severos para la estética del Modernismo, los girasoles y las liras del coronamiento y, en particular, los paneles cerámicos. Sobre las cristaleras aparecen jóvenes músicas, animales fantásticos, guirnaldas y tallos sinuosos y en los pilares motivos “a candelieri” más cercanos al estilo pompeyano o renacentista. Se aprovechó el chaflán con la plaza del Maestro Haedo para colocar un mirador hoy perdido. El actual data de 1930.
El resto de los muros exteriores son menos llamativos, aunque también presentan decoraciones florales y vegetales en los dinteles de los vanos y una cuidada forja. El Casino es uno de los pocos ejemplos modernistas que conservan parte del interior. El portal se divide mediante pilastras con capiteles de hojas y frutas entre las que se disponen paneles con una rica decoración vegetal que también hallamos en el techo. Todo con una sinuosidad más contenida y que entronca con la citada variante austríaca o Sezession.
Tras el zaguán se encuentra la escalera que permite el acceso a la planta superior. Allí el gran salón de baile es digno de mención, con unos desarrollados dinteles sobre las puertas, un friso con guirnaldas y unos marcos en el techo que han perdido los lienzos que cobijaban. Especialmente interesante es la antigua sala de fumar, cuyas paredes están pintadas con motivos típicos de la Sezession: péndulos, líneas paralelas, círculos y motivos vegetales dispuestos simétricamente. En el techo hay pintadas vivas flores coloridas y una alegre representación de un bebé que parece saltar.
El Casino, con su impactante fachada presidida por el gran arco rebajado, constituye un excelente ejemplo del manifestado deseo de “hacer ciudad” que, como se ha indicado, motivaba tanto a promotores como a arquitectos. Del mismo modo, responde a la voluntad por parte de los mismos actores, de convertir los nuevos lugares de congregación de la clase burguesa, como puede ser este centro recreativo, en referentes visuales para los habitantes locales y para los visitantes.
Cabe aludir en este momento a las dos fincas contiguas al Casino que, aunque no formen parte de la guía, por conservar únicamente elementos modernistas residuales, fueron diseñadas por Francesc Ferriol. Destaca sobre todo la Casa Crespo, en el número seis de la calle de Santa Clara, por su llamativa puerta de ingreso. El arquitecto catalán firmó los planos en 1913.