Casa de Martín de Horna
La ruta continúa por la calle de San Pablo, otra de las principales vías de comunicación entre el corazón medieval de la ciudad y su ensanche. En el número cuatro se halla la Casa Horna. La intervención de Ferriol en 1908 consistió en elevar una vivienda que conservaba la fachada del antiguo Convento de San Pablo que había sido desamortizado en el siglo XIX. De ahí la presencia de los sólidos sillares de piedra y el potente contrafuerte de la izquierda. El arquitecto catalán introdujo la policromía al emplear ladrillo y arenisca en los dinteles de los balcones.
El mirador y la forja son de sumo interés. El primero sobresale por ser uno de los pocos de madera que subsisten en Zamora de entre los diseñados por Ferriol. Además, el hecho de cubrir solo un hueco de la planta principal demuestra que el arquitecto había comprendido la importancia de esta galería en la ciudad pero continuaba con la inercia barcelonesa de emplearla solo en el primer piso. Como hemos visto a lo largo de la guía, en sus propuestas posteriores en nuestra localidad propuso prolongarla a todas las plantas siguiendo la tradición local. Los trabajos de forja, tanto de los balcones como del montante de la puerta, son exquisitos. En ellos abundan la línea curva, las flores, los tallos y el característico coup de fouet o golpe de látigo.
Ferriol siempre estuvo atento a que la impronta modernista imbuyera todos los elementos de sus creaciones, por ello se preocupó por dibujarlos personalmente en los planos para asegurarse que en la fase constructiva se mantuvieran y así lo hizo también en la Casa Horna. Cabe indicar por último que, al edificio original, de dos plantas, se le añadieron dos más en una fase posterior.
Volvemos seguidamente a la calle de Santa Clara por la de Cortinas de San Miguel. Al regresar a aquella, giraremos a la izquierda y nos encontraremos frente al número diecinueve.