Casa de Juan Gato
En la esquina noroeste de la Plaza Mayor, en la confluencia de la calle de Ramón Álvarez y la plaza de Nicasio Gallego, se yergue la casa de Juan Gato, gerente del periódico local El Correo de Zamora. Fue proyectada por Francesc Ferriol en 1912 y posee en cada planta cinco vanos en el lado mayor y uno en el menor. Ferriol, dada la estrechez de las calles, porque por aquel entonces no existía la plaza de Nicasio Gallego, enfatizó la verticalidad al destacar los ejes de vanos y al reducir la longitud de los balcones a medida que se asciende. Además, elevó los citados ejes por encima de la cornisa, creando una solución acastillada que aporta dinamismo.
La sinuosidad es patente tanto en la forja de los balcones y de los montantes de la puerta de ingreso a la finca como en los dinteles, en los que se despliega la decoración vegetal típica del Modernismo. Al ser la parte más visible cuando se edificó el inmueble, Ferriol diseñó un magnífico mirador de madera en el chaflán, hoy lamentablemente sustituido por otro de cemento. La parte alta concentra gran parte del interés: un friso con pequeños medallones con hojas carnosas coronado por vistosos girasoles remata los tramos ciegos, mientras que sobre las últimas ventanas encontramos unos curiosos motivos romboidales coronados que recuerdan la heráldica catalana. Cierran el muro unos potentes vástagos rematados en hojas rizadas y volutas.
La Casa Gato confirma la participación de Ferriol en la conversión de la Plaza Mayor en un escaparate de la nueva ciudad burguesa, cuyas viviendas, como la que simultáneamente se estaba construyendo en la acera oriental y en la esquina de la calle de Mariano Benlliure, competían por la atención de los viandantes con los edificios públicos, caso del viejo Consistorio y la antigua Casa de las Panaderas, hoy sustituida por el Ayuntamiento.
Contigua a la Casa Gato se ubicaba el inmueble proyectado en 1910 por Ferriol para Elvira Suárez, viuda de Ursicino Álvarez, eminente historiador. Por desgracia no se conserva el edificio original, pero sí la bella forja del montante de la puerta de ingreso, que es plenamente modernista.