Ladera Noreste. Las viejas canteras
Si pensamos en los monumentos de la capital, se nos vendrán a la cabeza los cientos de sillares, jambas, dinteles y otros elementos arquitectónicos que en ellos aparecen. Al principio, los zamoranos extraían las rocas de canteras situadas en el resalte que conforman las peñas de Santa Marta, pero pronto la ciudad precisó de más material para la construcción de nuevos edificios.
Podemos afirmar que la muralla y gran parte de los primeros edificios, como el castillo, utilizaron rocas extraidas del promontorio donde se situa el centro histórico. Sin embargo, las canteras donde ahora nos encontramos sirvieron como continuación de los trabajos constructivos para los edificios que se construyeron a partir del siglo XII. Las canteras corresponden como se ha comprobado en anteriores paradas a areniscas y conglomerados silíceos de grano grueso y que aparecen en las partes altas de los barrancos erosionados por el arroyo durante varios millones de años.
Las huellas de cantería, son numerosos cortes rectos de bloques aprovechando las numerosas grietas y fisuras superficiales del material. Se han detectado dos niveles o bancales dispuestos de forma escalonada y donde la extracción se realizaba de arriba abajo, de lado y hacia adentro. Las facies más finas (areniscas silíceas) utilizadas para la talla, se extraían de canteras localizadas en otros puntos de la ciudad (SE), en la margen izquierda del río Duero. Estos trabajos de cantería serán los surtidores de roca para todas las construcciones que utilizaron sillares de grano medio y grueso: la iglesia de San Ildefonso, San Juan, San Lázaro...
Así pues, debemos pensar en un trabajo industrial que alcanzó su cenit durante el siglo XIII y que permaneció hasta bien entrado el siglo XX. Así lo relatan algunas personas que trabajaron en las canteras en el periodo posterior a la Guerra Civil extrallendo sillares para edificios domésticos.