Casa de Félix Galarza
Nos acercamos a continuación a la Casa Galarza, ubicada en el número catorce de la calle de Santa Clara. Es un edificio magnífico, cuyos planos, de 1909, llevan la firma de Gregorio Pérez Arribas. Tiene tres plantas más una superior añadida posteriormente. Sigue la estructura tradicional de las viviendas burguesas, con dos miradores en los extremos y balcones corridos en el centro. No abundan las líneas curvas en la concepción general y tampoco hallamos la verticalidad ni las dinámicas cornisas de Ferriol, pero la decoración desplegada por los marcos de los vanos es abundante y plenamente modernista. Sus dinteles son de una gran belleza, sobre todo los de las plantas altas.
Los miradores también son llamativos y reflejan fielmente, como todo lo demás, la alegría, desenfado y exuberancia del Modernismo, en este caso en su variante francobelga. En ellos Pérez Arribas supo unir rotundidad y sutileza. El inmueble original se remata con una gran balaustrada compuesta de pilares con girasoles, hoy menos visible dado que hay una planta más. La forja es exquisita, dinámica y con hermosas flores. Tenemos la suerte de conservar los huecos de la planta baja tal y como los concibió el arquitecto, incluidos los dinteles y los antepechos. Asimismo, se conserva el portal, con una profusa decoración tanto en el techo como en el arrimadero, a base de volutas, círculos, semicircunferencias y péndulos, muy típicos de la Sezession vienesa.
En lugar de continuar hacia el este por la calle de Santa Clara, retrocedemos hacia la plaza de la Constitución y, dejando a la derecha la Subdelegación del Gobierno, llegamos a la plaza del Mercado. Este la ocupa en su casi totalidad. Se trata de una dignísima muestra del patrimonio industrial. Fue diseñado por Segundo Viloria en 1902 ocupando el lugar de la antigua iglesia de San Salvador, derribada unos años antes. No podríamos elegir un lugar mejor para constatar la voluntad de renovación y transformación llevadas a cabo a caballo entre los siglos XIX y XX en Zamora, pues no hay mayor aportación a la nueva ciudad burguesa en contraposición con la medieval que la sustitución de un templo románico por un equipamiento símbolo de una nueva economía y unas nuevas formas de vida.
Al convertirse el mercado rápidamente en uno de los polos de atracción ciudadana, los inmuebles ubicados en su perímetro vieron aumentar su valor y sus propietarios aprovecharon la circunstancia para reconstruirlos en las primeras décadas del siglo XX siguiendo las estéticas modernistas y eclécticas. El objetivo era obtener mayores beneficios y contribuir al embellecimiento de la plaza. Excelentes ejemplos son las dos casas de Ferriol y la vivienda del industrial Gabino Bobo, diseñada en estilo ecléctico por Segundo Viloria en 1916 y situada frente a la fachada posterior del mercado.