Los Pelambres
Aunque es en el s. XV cuando aparecen las primeras ordenanzas que obligaban a los curtidores de pieles a salir extramuros por los malos olores que producían, será en el s. XVI cuando se lleve a efecto dicha ordenanza. Las tenerías, sobre todo la operación de apelambrado, se convierte en un trabajo de ribera. Para ello, utilizaban noques o pequeños estanques también llamados pelambres donde sumergían las pieles, siendo muy conocidos los de San Frontis. Aunque hoy no nos queda más que la memoria, Claudio Rodríguez visitaba con frecuencia este lugar desde donde contemplaba su “ciudad del alma”.